Hochmütigen Erntemänner' (aceituneros altivos...)

  • La novela del momento en Alemania es 'Corrida' y habla de olivares y toreros
  • Herbert Asbeck: 'Ésta es una declaración de amor de un alemán a un bello país'

Rosalía Sánchez | Berlín

Actualizado lunes 21/01/2013 11:26 horas
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La historia que muchos alemanes leen este invierno lleva por título 'Corrida' y transcurre en Andalucía. El autor de la novela de 634 páginas editada por Allitera, Herbert Asbeck, reconoce que el libro es "una declaración de amor de un alemán a un bello país y sus gentes", lo que demuestra que Alemania ve en nosotros más allá de los incumplimientos de nuestros compromisos sobre déficit público y más allá de los rescates. "Siempre he pensado que los españoles son gente extremadamente amable y mantengo allí amistades de décadas. La imagen predominante de España en Alemania, afectada por la publicidad turística, de playa, sol flamenco y sangría, está sobrepasada ya por un número considerable de viajeros culturales que admiran muchas épocas marcadas por el arte y la arquitectura. En general, los alemanes vemos a España como parte integrante de Europa con su historia propia y diferenciada", explica a ELMUNDO.es este escritor de 76 años que en su novela recrea el mundo de la crianza del toro bravo en las grandes fincas andaluzas y retrata con destreza el abanico de personajes sociológicos que componen el paisaje humano del sur de España, aunque reconoce que tiene que tirar de chuleta si le preguntamos lo que es el PER.

El personaje central de la novela, Manuela, evoluciona de niña a mujer creando su propio camino y personalidad desde una sociedad autoritaria y patriarcal hacia un espíritu de libertad que hereda del paisaje y del carácter del toro, pero se trata más de una imagen de la evolución política de España hacia la democracia que de un cando al feminismo. "Nunca he tenido la impresión de que hubiese falta de auto confianza en las mujeres españolas, ni ahora ni en el pasado", dice Asbeck. También la nueva gestión que traen los tiempos modernos a la finca Torocolinas podrían leerse como una nueva forma de gestionar España que viene impuesta actualmente por Alemania, vía Bruselas, aunque el autor desdramatiza cuanto puede esa lectura. "En la finca en la que me inspiré sucedió algo así, para hacerla rentable hubo que cambiar antiguos campos de trigo y olivos por naranjos, todo un cambio incluso de paisaje. Pero en Alemania tenemos también muchos ejemplos. La mayoría de las granjas de la Alemania del Este fueron expropiadas para producción central estandarizada, vastos monocultivos según el modelo soviético. También en las empresas agrícolas de la Alemania occidental hay todavía dolorosas y costosas transiciones", recuerda.

'Un país maravilloso'

Pero aunque parezca resignarse a que las administraciones impongan sus máximas en la economía europea, Asbeck considera que hay aspectos de la cultura española que no cambiarán, se pongan como se pongan: "No soy un fanático de los toros, ni siquiera un aficionado, solamente soy un atento observador de la cultura de un país maravilloso que respeto mucho, pero no creo en la prohibición permanente de las corridas de toros por parte de las autoridades regionales. Ya en el pasado, Papas y reyes lo intentaron, y ninguno lo consiguió", sentencia.

En estos tiempos de depresión colectiva de los españoles, debido a la crisis, conforta la visión externa que nos describe como un pueblo con enormes talentos e infinitas posibilidades, especialmente si viene de un alemán que nos observa y conoce desde hace décadas. "El español es un pueblo optimista y lleno de vitalidad. A su riqueza pertenecen las fiestas y las vacaciones", dice Herbert Asbeck, sugiriendo que no debemos sentirnos culpables por ello, sino todo lo contrario, rentabilizarlo. "La españolidad es un activo muy valioso que debe seguir siendo cultivado para que las futuras generaciones puedan obtener los intereses", aconseja, y nos remite a la Agenda 2010, una serie de dolorosos recortes que su país implantó a partir de 2003 y que tardaron años en surtir efecto, pero que "merecieron la pena".

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© Herbert Asbeck